Servicio destacado · Saneamiento
Saneamiento contable
Cuando los libros no reflejan la realidad de la empresa, el problema no se queda en los libros: aparece ante el banco, ante Hacienda, ante el Registro y en cada decisión que tomas a partir de esas cifras.
El problema
Una contabilidad mal llevada le cuesta dinero a la empresa todos los días
Casi todos los clientes que nos llaman por esto lo dicen con las mismas palabras: «necesito arreglar la contabilidad de mi empresa», «hay que ponerla al día», «los números no cuadran». Saneamiento contable es el nombre técnico de eso mismo. Si quieres el detalle de cómo se hace, lo contamos paso a paso en cómo se arregla una contabilidad mal llevada.
Es uno de los problemas más extendidos entre las pymes españolas y uno de los que menos se hablan, porque nadie quiere reconocer que sus libros no están bien. La contabilidad se ha ido llevando como se ha podido, con criterios que cambiaban cada vez que cambiaba la persona que la llevaba, y el resultado es un balance que no se parece a la empresa que hay detrás.
Mientras todo va bien, el problema permanece dormido. Y no estalla por un solo sitio: estalla por cuatro, y casi siempre en el peor momento.
Ante el banco
Ocurre justo cuando la empresa necesita crecer: un préstamo para comprar maquinaria, un segundo local, la entrada de un socio, la oportunidad de comprar a un competidor. Y el banco dice que no. No porque el negocio no sea viable —muchas veces es un negocio excelente— sino porque las cuentas que se le presentan no permiten sostener esa conclusión. El analista de riesgos no conoce tu empresa; conoce tu balance. Si el balance dice que tienes un fondo de maniobra negativo, unos saldos de clientes imposibles de cobrar y unos fondos propios erosionados, la decisión ya está tomada antes de que entres por la puerta.
Ante Hacienda
La Agencia Tributaria cruza información. Compara lo que declaras en IVA con lo que declaras en el impuesto de sociedades, tus cifras con las que han declarado tus clientes y proveedores, y el resultado contable con la base imponible. Cuando una contabilidad arrastra errores, esas comparaciones dejan de cuadrar y aparece el requerimiento, y detrás la comprobación limitada.
Lo grave no es el requerimiento: es contestarlo con unos libros que no sostienen las cifras. Una respuesta improvisada convierte una petición de información en una regularización, con sus intereses y su sanción. Y si el problema es que las cuentas ya presentadas están mal, corregirlas tiene vías concretas —complementaria, rectificativa, subsanación en el ejercicio corriente— y elegir la equivocada sale más caro que el error original.
Ante el Registro Mercantil y el resto de organismos
Las cuentas anuales hay que depositarlas. Cuando no se depositan, la hoja registral de la sociedad se cierra y dejan de poder inscribirse la mayoría de los actos: cambiar de administrador, otorgar poderes, ampliar capital. El incumplimiento además es sancionable.
Y el efecto va más allá del Registro. Para una subvención, un aval, una licitación pública o simplemente para entrar como proveedor de una empresa grande, te van a pedir cuentas depositadas, certificados de estar al corriente con Hacienda y con la Seguridad Social y, muchas veces, ratios de solvencia calculados sobre esas cuentas. Quedarse fuera por un requisito formal, teniendo el negocio para cumplirlo, es la forma más absurda de perder una oportunidad.
Cuando llega la auditoría
A partir de cierto tamaño la auditoría deja de ser voluntaria. La obligación aparece al superar dos de los tres parámetros —total de activo, cifra de negocios y plantilla media— durante dos ejercicios consecutivos, y también llega por otras vías: subvenciones o contratos con el sector público por encima de ciertos importes, un socio que reúna el cinco por ciento del capital y la solicite al Registro Mercantil, o formar parte de un grupo que consolida. Casi nadie la ve venir: cuando se cierra el segundo ejercicio, la obligación ya está ahí.
Y ahí aparece el problema de verdad, porque un auditor no puede firmar sobre una contabilidad que no se sostiene. Va a pedir confirmación de saldos a clientes y proveedores, inventario valorado, conciliaciones bancarias, actas, contratos y el detalle de las cuentas con importes antiguos. Si los saldos no coinciden con lo que dicen los terceros, si hay una cuenta de «proveedores varios» que nadie ha vaciado nunca o si el inmovilizado no tiene un cuadro de amortización que cuadre con el balance, la auditoría se convierte en una excavación: meses de trabajo, honorarios muy por encima de lo presupuestado y un cierre que llega tarde.
Y lo peor no es el coste, es el informe. Unas salvedades —o, en el extremo, una opinión denegada— se depositan en el Registro y quedan ahí a la vista de cualquiera que pida tus cuentas. Un analista de riesgos lee esa salvedad antes que tu cuenta de resultados, y quien esté valorando la empresa la usa para bajar el precio. Corregir la contabilidad al ejercicio siguiente no borra el informe del anterior.
Una auditoría se prepara antes, no durante. Con los libros ordenados y la documentación de soporte reunida, el auditor trabaja sobre terreno firme y el proceso vuelve a ser lo que debería ser: una revisión.
Cuando se compra una empresa o se integran dos
Comprar una sociedad, absorber una filial o reorganizar un grupo pone a prueba la contabilidad de las dos partes a la vez. En la revisión previa a la compra salen a la luz los saldos sin justificar, las provisiones que faltan y las existencias mal valoradas de la empresa que se adquiere, y cada uno de esos hallazgos se traduce en un descuento sobre el precio o en una garantía que hay que dar. Llegar con las cuentas saneadas cambia la posición negociadora, se compre o se venda.
Y una vez hecha la operación empieza el trabajo de verdad: unificar criterios. Dos empresas que hasta ayer amortizaban con criterios distintos, periodificaban de otra manera, valoraban las existencias con otro método y llamaban a las cosas por nombres diferentes en su plan de cuentas. Si eso no se homogeneiza desde el principio, el grupo acaba con unas cuentas recíprocas que no cuadran, un reporting que no se puede comparar entre sociedades y unos estados consolidados que no sostiene nadie. Ordenarlo el primer año cuesta trabajo; ordenarlo el cuarto cuesta mucho más.
Y, sobre todo, dentro de tu propia empresa
Este es el coste que nadie factura y el más caro de todos. Si las cifras no son fiables, las decisiones se toman a ciegas o con el saldo del banco como único indicador. Se mantiene una línea de producto que en realidad pierde dinero, porque el margen que aparece está calculado sobre unas existencias mal valoradas. Se rebaja el precio a un cliente que ya era el menos rentable. Se contrata pensando que el año va bien y se descubre en junio del año siguiente que no iba tan bien. Se reparte un dividendo que no tocaba.
Una empresa puede sobrevivir sin crédito bancario. Lo que no puede es dirigirse durante años con información equivocada.
Dónde están los errores en la práctica
Los descuadres no se ven en el balance: se ven en el detalle, y localizarlos es un trabajo de contraste documento a documento. Extractos de proveedor contra libro mayor, línea a línea y ejercicio a ejercicio. Cuentas recíprocas entre sociedades de un mismo grupo que llevan años diciendo cosas distintas según desde qué lado se miren. Facturas que faltan y que aparecen contabilizadas en «proveedores varios». Cobros que nunca se aplicaron a una factura concreta y que llevan años inflando la cuenta de clientes.
Ese trabajo no sale en ningún catálogo de servicios y es el que no hace nadie, pero es exactamente lo que define a una empresa cuyo balance refleja su realidad económica frente a otra cuyo balance no la refleja. Dos empresas pueden tener el mismo negocio, la misma facturación y los mismos clientes, y estar en posiciones completamente distintas ante un banco, ante una comprobación de Hacienda, ante una operación societaria y ante sus propias decisiones. La diferencia está en si los libros dicen la verdad.
Cómo se reconoce
Seis señales de que tu contabilidad necesita un saneamiento
Si te reconoces en dos o más de estas situaciones, merece la pena revisarlo antes de que llegue el momento de necesitarlo resuelto.
Una financiación que no avanza
Pides financiación, la operación se alarga y acaba en una negativa sin explicación clara, o en un importe muy por debajo del solicitado.
Hacienda te pide explicaciones
Llegan requerimientos por diferencias entre modelos, entre tus datos y los de terceros, o entre el resultado contable y lo declarado.
Cuentas anuales sin depositar
Hay ejercicios sin depositar en el Registro, o se depositan siempre fuera de plazo y con las cifras cerradas a última hora.
El balance no se parece a tu empresa
Sabes que el negocio va mejor de lo que dicen los papeles, pero no sabrías señalar en qué línea concreta está la diferencia.
Decides con el saldo del banco
No sabes qué cliente, qué producto o qué delegación te deja margen de verdad, así que las decisiones se toman por intuición.
Saldos que llevan años ahí
Cuentas de clientes, de proveedores o entre sociedades del grupo con importes antiguos que ya nadie sabe de dónde salieron.
Qué incluye
El trabajo, paso a paso
El saneamiento no es rehacer la contabilidad desde cero: eso casi nunca es necesario y siempre es carísimo. Es localizar dónde están los errores, entender por qué se produjeron, corregirlos por la vía que menos coste tenga y dejar montado el control para que no vuelvan.
Se puede contratar como trabajo puntual, sin ningún compromiso posterior. Muchas empresas nos llaman para esto, lo resolvemos y siguen con su asesoría de siempre.
Diagnóstico contable
- Revisión de los últimos ejercicios: balance, pérdidas y ganancias y libro diario
- Análisis de las cuentas con saldos anómalos, antiguos o sin movimiento
- Contraste de la contabilidad con los extractos bancarios y los de proveedores
- Informe escrito con los errores localizados, su origen y su impacto
Cuadre de cuentas
- Cuentas de clientes y de proveedores contra los extractos reales de cada tercero
- Cuentas recíprocas entre sociedades del mismo grupo
- Localización de facturas que faltan y de pagos aplicados a la cuenta equivocada
- Conciliación bancaria completa del periodo revisado
Regularización y corrección
- Corrección de errores por la vía adecuada en cada caso
- Amortizaciones, provisiones y periodificaciones que faltaban
- Valoración del impacto fiscal antes de ejecutar cualquier ajuste
- Declaraciones complementarias o rectificativas cuando proceden
Frente a Hacienda y otros organismos
- Contestación de requerimientos y de procedimientos de comprobación
- Cuadre previo de los modelos declarados con la contabilidad y con los datos de terceros
- Cuentas anuales y libros pendientes, legalizados y depositados en el Registro
- Documentación de solvencia para subvenciones, avales y licitaciones
Cuentas presentables ante quien las pida
- Balance y cuenta de resultados que reflejan la realidad del negocio
- Ratios de solvencia, endeudamiento y liquidez calculados y explicados
- Dossier financiero con las cuentas saneadas y la justificación de los ajustes
- Acompañamiento en la conversación con el banco como interlocutores
Preparación de la auditoría
- Conciliación de clientes y proveedores contra los extractos de cada tercero, lista para circularizar
- Inventario valorado y cuadro de amortización cuadrados con el balance
- Vaciado de las cuentas genéricas y de los saldos antiguos sin soporte
- Carpeta de soporte: contratos, actas, préstamos y operaciones con partes vinculadas
- Interlocución con el auditor durante el trabajo de campo
Compras, fusiones e integraciones
- Revisión contable previa a la compra de una sociedad, con los riesgos cuantificados
- Integración de la contabilidad de la empresa adquirida y balances de la operación
- Unificación de criterios entre sociedades: amortización, existencias, periodificaciones
- Plan de cuentas común y cuentas recíprocas cuadradas desde el primer cierre
Inmovilizado y existencias
- Libro de inmovilizado reconstruido y conciliado con el balance
- Amortizaciones acumuladas revisadas y elementos ya dados de baja
- Criterio de valoración de existencias aplicado de forma coherente entre ejercicios
- Márgenes recalculados sobre las existencias corregidas
Cifras fiables para decidir
- Implantación del cierre mensual en lugar del cierre anual
- Margen real por cliente, producto o línea de negocio
- Rediseño del circuito contable para que el error no se reproduzca
- Puntos de control periódicos y formación al equipo interno
Que no vuelva a pasar
- Criterios contables escritos y acordados, que no cambien con la persona que los aplica
- Calendario de cierres, depósitos y obligaciones periódicas
- Revisión de las cuentas críticas antes de cada cierre, no después
- Traspaso ordenado a tu equipo o a tu asesoría al terminar el trabajo
Antes de empezar
Primero el diagnóstico, y con precio cerrado
Nunca comprometemos un presupuesto de saneamiento sin haber mirado antes los libros, porque sería un número inventado. Empezamos siempre por un diagnóstico de alcance cerrado y precio cerrado, de entre dos y cuatro semanas, del que sale un informe con tres cosas:
- Qué está mal. Los errores localizados, cuantificados y explicados en lenguaje comprensible, no en jerga contable.
- Qué cuesta arreglarlo. El coste de la corrección, incluido el impacto fiscal si lo hay, y el plazo realista.
- Qué cuesta no arreglarlo. El riesgo que asumes si lo dejas como está: ante el banco, ante Hacienda, ante el Registro y ante tus propias decisiones.
Con ese informe delante decides tú. Si el diagnóstico concluye que tu contabilidad está bien —también pasa— te lo diremos igualmente y ahí acabará el trabajo.
Preguntas frecuentes
Sobre el saneamiento contable
El banco me ha denegado la operación. ¿Cómo sé si es por la contabilidad?
Casi nunca te lo van a decir con esas palabras. Las señales típicas son que te pidan documentación adicional una y otra vez, que la operación se quede parada en riesgos sin motivo aparente, o que te ofrezcan un importe muy inferior al solicitado. Si tu negocio va bien y el banco no lo ve, lo primero que hay que revisar es el balance que le has entregado.
Hacienda me ha mandado un requerimiento. ¿Esto lo arregla un saneamiento?
Depende de qué pregunten, pero la mayoría de los requerimientos nacen de una incoherencia: entre lo que dicen tus declaraciones y lo que dicen tus libros, o entre unas declaraciones y otras. Contestar sin haber cuadrado antes la contabilidad es contestar a ciegas, y una respuesta mal planteada abre la puerta a una comprobación más amplia. Lo ordenado es cuadrar primero, contestar después y dejar documentado el soporte de cada cifra.
Llevo años sin depositar las cuentas anuales en el Registro Mercantil. ¿Qué implica?
Implica dos cosas. La primera es que la hoja registral de la sociedad queda cerrada, de modo que dejan de poder inscribirse la mayoría de los actos societarios: cambios de administrador, poderes, ampliaciones de capital. La segunda es que el incumplimiento puede ser sancionado. Además, cualquier banco, cliente grande o administración que mire tu empresa verá que no hay cuentas depositadas y sacará sus conclusiones. Es recuperable: se preparan y depositan los ejercicios pendientes, y para eso hay que tener la contabilidad en condiciones.
¿Se puede corregir la contabilidad de ejercicios ya cerrados y presentados?
Sí, y hay varias vías según el caso: la subsanación en el ejercicio corriente conforme a la norma de registro y valoración de errores, la reformulación de cuentas cuando procede, y la declaración complementaria o la rectificativa cuando el error tiene impacto fiscal. Lo importante es elegir la vía correcta: hacerlo mal puede salir más caro que el error original.
¿Corregir errores de años anteriores me va a costar dinero en impuestos?
Depende de en qué dirección vaya el error. A veces la regularización supone pagar, a veces supone recuperar, y a veces es neutra. Lo que siempre hacemos es cuantificarlo antes de mover nada: te decimos cuánto cuesta corregirlo y cuánto cuesta no corregirlo, y decides tú con las dos cifras delante.
¿Tengo que cambiar de asesoría para que hagáis esto?
No. El saneamiento se puede hacer como trabajo puntual, con tu asesoría actual siguiendo en su sitio. De hecho es lo más habitual: entramos, diagnosticamos, corregimos y dejamos la contabilidad en condiciones de continuar. Si después quieres que la llevemos nosotros, se habla; si no, tan amigos.
¿Cuánto tiempo lleva sanear una contabilidad?
El diagnóstico, entre dos y cuatro semanas. La corrección depende de la profundidad del problema: un ejercicio con descuadres localizados puede resolverse en un mes; una contabilidad con tres o cuatro años de arrastres puede llevar un trimestre. Te damos el plazo estimado al entregar el diagnóstico, no antes.
Nos toca auditoría por primera vez. ¿Qué hay que tener listo?
Un auditor no puede firmar sobre saldos que no cuadran con lo que dicen los terceros. Antes de que entre, conviene tener conciliadas las cuentas de clientes y proveedores contra sus extractos, el inventario valorado, las conciliaciones bancarias del ejercicio, el cuadro de amortización cuadrado con el balance y vaciadas las cuentas genéricas del tipo «proveedores varios». Ese es exactamente el trabajo del saneamiento, y hacerlo antes sale bastante más barato que hacerlo con el auditor dentro y el reloj corriendo.
¿Esto sirve también si quiero vender la empresa, entrar un socio o pedir una subvención?
Sirve especialmente. En una compraventa o en la entrada de un socio hay una revisión previa —la due diligence— que va directa a los mismos puntos: saldos sin justificar, provisiones que faltan, existencias mal valoradas. Y en subvenciones, avales y contratación pública se acredita solvencia con cuentas depositadas y con certificados de estar al corriente. Llegar con la contabilidad saneada evita quedarse fuera por un requisito formal.
¿Esto es lo que la gente llama simplemente «arreglar la contabilidad»?
Sí, es exactamente lo mismo. Saneamiento contable es el nombre profesional; en la conversación del día a día se dice arreglar la contabilidad, ponerla al día o revisar los años anteriores. Y conviene aclarar lo que no es: no consiste en rehacer la contabilidad desde cero, sino en localizar los errores, corregirlos por la vía que menos cueste y dejar el control montado para que no vuelvan.
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Cuéntanos qué te ha dicho el banco, qué te ha pedido Hacienda o simplemente qué es lo que no te cuadra. La primera conversación es sin coste y sirve para saber si hace falta un diagnóstico o no.