Contabilidad · 9 min de lectura

Cómo leer el balance de tu empresa en diez minutos

Sin ser contable puedes saber en diez minutos si tu empresa está sólida o si arrastra un problema. Aquí tienes la guía, con un ejemplo numérico completo.

Por Mariángeles Lladó · 16 de junio de 2026

Qué es un balance y por qué siempre cuadra

El balance de situación es una fotografía de tu empresa en una fecha concreta. No cuenta cuánto has vendido ni cuánto has ganado —de eso se ocupa la cuenta de resultados—; cuenta qué tiene la empresa y quién ha puesto el dinero para tenerlo.

La mitad izquierda es el activo: lo que la empresa posee o le deben. Naves, maquinaria, ordenadores, existencias en el almacén, facturas pendientes de cobrar a clientes, el dinero en el banco. La mitad derecha es el pasivo y patrimonio neto: de dónde ha salido el dinero para pagar todo eso. Una parte la han puesto los socios (patrimonio neto) y otra la han prestado bancos, proveedores o Hacienda (pasivo).

Por eso el balance siempre cuadra: activo = pasivo + patrimonio neto. No es un truco contable ni una casualidad; es la misma cantidad de dinero mirada dos veces, una por lo que se ha comprado con ella y otra por quién la ha aportado. Si algún día ves un balance que no cuadra, la empresa no tiene un problema financiero: hay un error de contabilización que corregir.

Para no quedarnos en abstracciones, vamos a seguir un ejemplo real a lo largo de todo el artículo: Comercial Ejemplo, S.L., una pyme de distribución con 800.000 € de activo total.

Corriente y no corriente: por qué importa

Dentro del activo y del pasivo hay una segunda división que es la que de verdad interesa a un gestor: el plazo.

Activo no corriente es lo que la empresa piensa mantener más de un año: naves, maquinaria, participaciones, aplicaciones informáticas. Activo corriente es lo que se espera convertir en dinero en menos de un año: existencias, clientes, tesorería.

En el pasivo ocurre lo mismo. Pasivo no corriente es deuda que se devuelve a más de un año, como un préstamo bancario a cinco años. Pasivo corriente es lo que hay que pagar antes de doce meses: proveedores, la parte del préstamo que vence este ejercicio, la deuda con la Seguridad Social.

Esta distinción importa porque una empresa puede tener beneficios y patrimonio neto positivo y aun así tener problemas de caja si ha financiado inversiones a largo plazo con deuda a corto plazo. Es como comprar un piso con la tarjeta de crédito: la operación puede ser rentable, pero el calendario de pagos acaba asfixiando. Separar corriente de no corriente es el primer paso para comprobar si el calendario de cobros y pagos tiene sentido.

Así queda el balance completo de Comercial Ejemplo, S.L., ya separado por plazos:

ActivoImportePasivo y patrimonio netoImporte
Activo no corriente380.000 €Patrimonio neto (fondos propios)250.000 €
Activo corriente420.000 €Pasivo no corriente200.000 €
— Existencias150.000 €Pasivo corriente350.000 €
— Clientes200.000 €— Proveedores180.000 €
— Tesorería70.000 €— Deuda financiera a corto plazo120.000 €
— Otros acreedores50.000 €
Total activo800.000 €Total pasivo + PN800.000 €

Fondos propios y qué significa que estén erosionados

Los fondos propios son la parte del negocio que pertenece a los socios: el capital que aportaron al constituirla más los beneficios que se han quedado dentro en lugar de repartirse como dividendos (las reservas), menos las pérdidas acumuladas. En Comercial Ejemplo, S.L. son 250.000 € sobre un activo de 800.000 €: los socios financian algo menos de un tercio del negocio; el resto lo financian terceros.

Que los fondos propios estén «erosionados» significa que las pérdidas de varios ejercicios se han ido comiendo ese colchón. Es un proceso lento y silencioso: la empresa sigue facturando y pagando nóminas, y nadie lo nota hasta que alguien —un banco, un proveedor grande— pide el balance y lo mira con calma.

El caso límite es el patrimonio neto negativo: las pérdidas acumuladas superan lo aportado por los socios, así que contablemente la empresa debe más de lo que tiene. En España esto activa la causa de disolución del artículo 363 de la Ley de Sociedades de Capital si la situación se mantiene sin reponer capital, capitalizarlo o hacer una operación acordeón. No es un número feo en una tabla: es una obligación legal para el órgano de administración.

Si reconoces esta situación en tu empresa, no esperes a la siguiente junta para actuar: un saneamiento contable ordenado por profesionales evita que el problema se agrave y pone las opciones reales sobre la mesa.

El fondo de maniobra explicado con un ejemplo

El fondo de maniobra —también llamado capital circulante— es la diferencia entre el activo corriente y el pasivo corriente. Dicho de otra forma: de lo que vas a cobrar en los próximos doce meses, ¿cuánto te sobra después de pagar lo que vence en ese mismo plazo?

En Comercial Ejemplo, S.L.: activo corriente de 420.000 € menos pasivo corriente de 350.000 € = 70.000 € de fondo de maniobra positivo. Significa que, aunque no entrara ni saliera nada nuevo, la empresa tiene un colchón de 70.000 € para atender los pagos a corto plazo antes de necesitar financiación adicional.

Un fondo de maniobra negativo no es automáticamente una sentencia de muerte —algunos negocios de gran distribución funcionan así de forma estructural, porque cobran al contado y pagan a proveedores a noventa días— pero en una pyme industrial o de servicios suele avisar de que los pagos van a apretar antes de que lleguen los cobros que deberían financiarlos. Ahí aparecen las llamadas de última hora para pedir una póliza de crédito o retrasar un pago a la Seguridad Social.

La cifra en sí dice poco si no se acompaña de la calidad del activo corriente: 200.000 € en clientes que pagan a sesenta días no es lo mismo que 200.000 € en clientes que llevan un año sin pagar. Por eso hay que leerlo junto al detalle de qué lo compone, no solo con el total.

Cinco ratios básicos que debes conocer

Con el balance de Comercial Ejemplo, S.L., un EBITDA del ejercicio de 140.000 € y un resultado neto de 45.000 €, estos son los ratios que cualquier analista de riesgos calcula en los primeros cinco minutos.

RatioCómo se calculaValor de referencia
LiquidezActivo corriente dividido entre pasivo corrienteEntre 1 y 1,5 se considera cómodo; por debajo de 1 hay que vigilar la caja de cerca
EndeudamientoPasivo total (corriente más no corriente) dividido entre activo totalPor debajo del 60% suele considerarse razonable; por encima del 80% la empresa depende en exceso de terceros
Deuda financiera sobre EBITDADeuda con bancos a corto y a largo plazo dividida entre el EBITDA del ejercicioPor debajo de 3 veces suele ser asumible; por encima de 4 veces la banca empieza a pedir explicaciones
Rentabilidad sobre fondos propios (ROE)Resultado neto dividido entre fondos propiosPor encima del 10% se considera una rentabilidad razonable para el riesgo asumido
Cobertura de gastos financierosEBITDA dividido entre los intereses pagados en el ejercicioPor encima de 3 veces da margen; por debajo de 1,5 veces cualquier imprevisto complica el pago de intereses

Aplicados a Comercial Ejemplo, S.L.: liquidez de 1,2 (cómoda), endeudamiento del 69% (algo alto, pero no alarmante), deuda financiera sobre EBITDA de 2,3 veces (asumible) y rentabilidad sobre fondos propios del 18% (buena). Ningún ratio aislado cuenta la historia completa: es la combinación —liquidez ajustada pero deuda controlada y rentabilidad sólida— la que dibuja una empresa que aprieta, pero no se ahoga.

Si alguna vez te han pedido estos mismos números para una operación de financiación y la respuesta ha sido negativa pese a que el negocio funciona, conviene entender qué mira exactamente el analista: lo explicamos con detalle en por qué un banco deniega crédito a una empresa rentable.

Señales de alarma que se ven a simple vista

No hace falta calcular ningún ratio para detectar estas cinco señales con solo mirar el balance:

  • Fondos propios negativos, o cayendo ejercicio tras ejercicio sin que se explique por qué.
  • Saldo de clientes que crece más rápido que las ventas, o partidas con más de noventa o ciento veinte días de antigüedad sin que nadie las reclame.
  • Tesorería que apenas se mueve entre balances trimestrales pese a que hay actividad, señal de que la caja está permanentemente al límite o de que el dato no refleja movimientos reales.
  • Deuda a corto plazo financiando activo no corriente —una nave, maquinaria— en lugar de deuda a largo plazo pensada para ese mismo activo.
  • Existencias que crecen sin que crezcan las ventas, indicio de producto que no rota o de que se está inflando el activo para tapar pérdidas.

Ninguna de estas señales por sí sola obliga a saltar las alarmas. Pero si detectas dos o más a la vez, conviene revisar el balance con detalle antes de que lo haga otra persona por ti: un banco, un proveedor grande o la Administración.

Leer el balance una vez al año no basta si la empresa cambia de mes en mes. Un servicio de contabilidad y fiscalidad con cierres mensuales te da estos mismos números actualizados sin que tengas que perseguirlos cada vez que los necesitas.

En resumen

Leer un balance no exige ser economista: exige mirar cuatro cosas en orden —si los fondos propios son sólidos, si el fondo de maniobra es positivo, si la deuda a corto plazo tiene sentido con el activo que financia y si los ratios básicos se mueven en rangos razonables—. Diez minutos y una calculadora bastan para saber si tu empresa está donde crees que está. El analista de riesgos no conoce tu empresa; conoce tu balance.

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